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Si saliera presidente...

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Si saliera presidente, bajaría los impuestos de forma drástica: un IRPF con tipos bajos, un IVA más barato, sociedades más baratas, y lo que se pueda quitar de patrimonio, sucesiones y el resto de la lista. A la vez mejoraría la sanidad pública, la educación pública y todo lo demás que se considera público y, por lo tanto, mejorable. Más médicos, menos espera, mejores colegios, informes PISA de diez.

Si saliera presidente, el problema de la vivienda se acabaría. Un millón de casas nuevas, o dos millones de viviendas públicas, o las que hagan falta. Los jóvenes tendrían prioridad, avales y la mayor ayuda de la historia. Los grandes tenedores pondrían la mitad de sus pisos a alquiler social. A los okupas los echaría en menos de 24 horas sin dejarlos tirados en la calle: vivienda pública para cada uno. Nadie vulnerable sería desahuciado. A los propietarios no les pasaría nada. Es más, si saliera presidente, la vivienda sería gratuita para todos. No asequible, no al treinta por ciento de los ingresos, no en lista de espera con baremo: gratuita y para todos.

Si saliera presidente, el salario mínimo subiría a 2.000 euros mensuales y la jornada bajaría a 20 horas semanales. Los trabajadores cobrarían más. Las empresas pagarían menos. Serían más competitivas. Bastaría un trabajo para vivir y quedaría media semana libre.

Si saliera presidente, la jubilación sería a los 40 años, con pensiones más altas y cotizaciones más bajas. Se dejaría de trabajar con media vida por delante. Quien quisiera seguir seguiría, sin quitarle el puesto a nadie.

Si saliera presidente, cerraría las fronteras, dejando entrar solo al más necesitado. Seríamos el país más seguro y el más solidario. Nadie de más. Nadie de menos.

Si saliera presidente, seríamos el país con el mejor armamento del mundo, sin invertir nada. Ni un euro para guerras. El mejor ejército de la OTAN y, a la vez, fuera de la OTAN.

Si saliera presidente, las ciudades tendrían más carriles bici, más supermanzanas, más aparcamiento y mejor circulación de coches. Todo eso en las mismas calles: peatonales y con tráfico fluido.

Si saliera presidente, España sería una, indivisible, y cada comunidad autónoma tendría su derecho a decidir libremente. Todo el mundo podría irse, pero nadie lo haría.

Si saliera presidente, se acabaría la casta. Se acabaría eso de los enchufes, de las puertas giratorias y de los cargos que se quedan en la familia. Entraría gente nueva, gente de fuera, que no llevara media vida en el mismo sitio. Los de siempre irían a la calle para dejar paso a los míos.

Si saliera presidente, tendríamos las mejores energías renovables: limpias, baratas, constantes. Sin expropiar tierras. Sin grandes minas de tierras raras. Y si eso no basta, la energía fósil pasaría a ser ilimitada y dejaría de contaminar.

Si saliera presidente, en la playa haría siempre calor y en la montaña, siempre frío. Así se podría ir a la playa y a esquiar todo el año, que es lo que se espera de un país razonable cuando uno mira el mapa y decide que la geografía está mal planteada. Haría sol los fines de semana. Llovería de madrugada, sobre el campo, nunca sobre la terraza. El Mediterráneo estaría fresco a las tres de la tarde y caliente al bañarse.

O todavía mejor.

Si saliera presidente, cada uno tendría su propio clima. Uno, calor de junio en la toalla. Otro, nieve en febrero a doscientos metros. El vecino, otoño perpetuo porque le gusta el color de las hojas en el suelo. Ese, tormenta, que le gusta el ruido. El otro, ni una nube, que se le moja el tendido. El meteorólogo saldría por la tele solo para felicitaros.

Si saliera presidente, a nadie le haría falta estudiar. Todo el mundo sabría cómo funciona, por ejemplo, el condicional material en lógica: «si esto, entonces aquello». Todos sabríamos que si el antecedente es falso, el condicional resulta verdadero da igual lo que prometa la segunda parte. Verdad vacua se le llama a eso, y todo el mundo lo sabría de nacimiento. Pero como todavía no soy presidente, voy a explicarlo con un ejemplo: «Si las gallinas mean, os daré un millón a cada uno». Como las gallinas no mean, nadie cobra. El condicional se sostiene porque el antecedente nunca llega a suceder.

Así que sí: en esa lógica, todo lo que prometen los candidatos es verdadero.

Hasta que las gallinas se pongan a mear.